sábado, 30 de enero de 2010

Vivo por ella (Vivo per lei)

Vivo por ella sin saber
si la encontré o me ha encontrado
Ya no recuerdo como fue
pero al final me ha conquistado
Vivo por ella que me da
toda mi fuerza de verdad
Vivo por ella y no me pesa
Vivo por ella yo también
no te me pongas tan celoso
Ella entre todas es la más
dulce y caliente como un beso
Ella a mi lado siempre está
para apagar mi soledad
Mas que por mi por ella
yo vivo también
Es la musa que te invita
A tocarla suavecita
En mi piano a veces triste
la muerte no existe
si ella está aquí
Vivo por ella que me da
todo el afecto que le sale
a veces pega de verdad
Pero es un puño que no duele
Vivo por ella que me da
fuerza, valor y realidad
para sentirme un poco vivo...
Cómo duele cuando falta
Vivo por ella en un hotel
Cómo brilla fuerte y alta
Vivo por ella en propia piel
Si ella canta en mi garganta
mis penas mas negras espanta
Vivo por ella y nadie más
puede vivir dentro de mi
Ella me da la vida, la vida...
si está junto a mí
Si está junto a mí
Desde un palco o contra un muro
Vivo por ella al límite
En el trance mas oscuro
Vivo por ella integra
Cada día una conquista
la protagonista
es ella también
Vivo por ella porque va
dándome siempre la salida
porque la música es así
fiel y sincera de por vida
Vivo por ella que me da
noches de amor y libertad
Si hubiese otra vida, la vivo...
por ella también
Ella se llama música
Y es mía también
Vivo por ella créeme
Por ella también
Yo vivo per lei
Yo vivo, Per lei.


Letra: Luis-Gomez Escolar
Musica: V. Zelli, M. Mengali, G. Panceri
Intérprete: Andrea Bocelli
Disco: Romanza

jueves, 28 de enero de 2010

Musiquita

¡Qué cosas tiene la vida!
¿Qué tiene el mundo? Cuando digo mundo, me refiero a la gente que habita este planeta. Algo les pasó. Son muy extraños los seres humanos. Han perdido la capacidad para apreciar las cosas bellas de la vida. Bueno, a lo mejor el extraño soy yo en este planeta y los que se parecen a mí, que por fortuna para este mundo, son minoría. Leí alguna vez que las bellas artes, que de por sí son inútiles, son mas bellas entre más inútiles son. He ahí la música. ¿Qué es la música? ¿Para qué sirve la música? ¿Sirve para algo cuando no es práctica o no tiene fines comerciales?. Para mí, entre más inútil más bella.

Hace unos días compartí un tiempo con una amiga a la cual quiero mucho. Sí, que a nadie le espante la palabra "quiero". Viene del verbo querer, hermano del verbo amar. Dice la Escritura: "En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia." Bueno, pues hubo oportunidad de ir juntos, y con otras amigas, a un aburrido curso de contadores. ¡Qué aburrido!
Bueno, pero ese día me preparé con uno de los mejores CD´s de música que tengo. Dios me ha dado la oportunidad de conseguir música muy especial y difícil de conseguir. El mejor CD de los mejores himnos cristianos de todos los tiempos en la voz del mejor cantante de todos los tiempos. Sí, el disco de Gospel por Elvis Presley. ¡Qué belleza! Lo mejor de lo mejor. Y dentro de ese disco viene mi himno favorito: Amazing Grace (Sublime Gracia). Cantado por miles de artistas, pero nunca como Elvis.
Bueno, pues para lucirme ante mi amiga lo puse en mi estereo. A mitad del himno ella empezó a platicar un chisme de oficina. ¡No lo puedo creer!. Opte por apagar mi estereo y nadie lo noto. ¡No es posible!. Cuando mi amiga terminó de contar su historia, y después de yo reclamar el que nadie peló mi música, ella con total soltura simplemente dijo: "Ya puedes poner tu musiquita". ¿Musiquita? Estuve a punto de bajarla de la poderosa Toyota. Sólo que soy un caballero, y las reglas de la caballería no me lo permiten. Lamento recordarles a los que andan a pie, a pata, a pincel, a patín, que el término "caballero" tiene el siguiente origen etimológico: "uno que anda a caballo". Bueno, yo no ando en caballo, pero ando en la poderosa Toyota. Pal caso es lo mismo. Bueno, pues me trague el menosprecio, el diminutivo para la música, la canción y el cantante, que yo considero: ¡Gigante!, ¡Genial!, ¡Sorprendente!, ¡Fabuloso!, ¡Maravilloso!, ¡Sublime!. En ese momento todo eso fue reducido a "musiquita" (¡Auxilio, Banda Magüey!).

He perdonado a mi amiga, porque los verdaderos amigos todo perdonan. Pero he tomado una decisión muy firme. Mi música, la que yo considero buena música, sólo la escucharé yo solo de aquí en adelante. Seré egoista. A partir de hoy prometo traer en la poderosa Toyota un CD de música de banda para cuando venga acompañado. Entonces recibiré este elogio: "¡Que buena música traes!." ¡Gracias, Banda Magüey!.





miércoles, 13 de enero de 2010

La canción popular

"Si quieres saber cómo es un pueblo, escucha sus canciones: caño es la canción por donde se le va el alma, se desahoga, arde, se derrite. Su manera de ser más oculta, más escondida, está en sus canciones. Cómo se siente, cómo llora y cómo ríe, se encuentra en lo que canta.

La nota musical es una gota de agua: una lágrima pendiente del pentagrama, arrancada de las cuerdas de la guitarra. Es la risa que se desgrana, el dulce vino que derramó la copa y que embriaga y trastorna la realidad cuando es adversa. Llora o ríe el hombre cuando canta. Así en todo pueblo, sino que en alguno la melodía y la letra tienen distinto compás, otro temple y vibración, resultado del ambiente, historia y tiempos propios."

Texto escrito por Andrés Henestrosa el 12 de junio de 1997
e incluido en disco "Xquenda" de Susana Harp

sábado, 19 de diciembre de 2009

La década de los 60´s. Llegué tarde.

Siempre me ha perseguido la idea y el sentimiento de haber llegado tarde en la vida. Esto ha sido una constante desde muy pequeño. No pienso relatarles toda mi vida, pues sería muy aburrido y Uds. que culpa tienen. Sin embargo, me basta con decirles que nací a la mitad de los fabulosos sesentas. El año de 1965 vió llegar a este mundo a su servilleta. Esa década memorable en muchos aspectos. Tantos acontecimientos. Tan buena música. Tan buenos escritores y publicaciones. Tantas proezas.En fín, cosas de las cuales me he enterado por la televisión (cuando tenía, hace más de dos años que renuncie a ella, haciéndole un favor a mi espíritu y mi intelecto), por las revistas y por los libros. Sí, en mis clases de historia. Porque resulta que cuando todo eso aconteció yo era un infante, y por lo tanto ni me enteré. En lo deportivo, resulta que en mi país se celebraron por primera y única vez los Juegos Olímpicos (1968), el Mundial de Futbol (1970). Digo, ¿no pudieron esperárse? o más bien, ¿esperárme? Qué frustrante, yo sólo tenía 3 y 5 años respectivamente. ¿De que me acuerdo? De nada. Sólo, y como en sueños, recuerdo que en mi casa se reunieron casi todos mis vecinos para ver un juego de futbol de México, uno importante, que terminamos perdiendo. Sólo recuerdo un pleito, donde Nacho Calderón, el portero de la selección, le dió un cabezazo a alguien y le abrió la ceja. ¡Jalisco (en este caso México) nunca pierde, y cuando pierde arrebata! El llorar de algunos de mis vecinos, el enojo de otros, los recordatorios familiares al árbitro (¿Alguién quiere ser árbitro?). Mucho tiempo después supe que fué Italia quien nos eliminó en ese partido ganándonos 4-1. Fué la década donde Pelé brilló enormemente, como lo que fué, un gran deportista, tal vez el mejor futbolista de todos los tiempos (al menos para mí). Pues nada, que me pasó de noche. Y quién no sabe que fue también la década donde los Four Seasons (4 chicos de Nueva Jersey) dejaron de brillar y comenzaron a hacerlo los Beatles (4 chicos de Liverpool), que en 1969 el hombre llegó a la Luna, que Fidel y el Ché se consolidaron en Cuba, que el Gabo terminó y publicó "Cien años de soledad" etc. También la década de eventos trágicos, como la matanza de estudiantes en La Noche de Tlatelolco o la muerte del Ché Guevara en Bolivia.

Hoy día añoro esos años. Me gusta la música de ese tiempo, las historias de esa época, la literatura de aquel tiempo. Es mi década, pero desafortunadamente llegue tarde.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Diarios de un VW sedán blanco II

A los 2 meses de haber comprado mi carrito, salimos con rumbo a Cd. Juárez, Chihuahua, mi amigo Ernesto y yo. Fué mi prueba de fuego como aprendiz de chofer. Claro, con un viaje como ese, iba directito a ser contratado como chofer de omnibus. ¿Pesado el viaje? Es pesadísimo, pero cuando llevas la emoción de viajar, de conocer, de explorar, de manejar cuado eres principiante, pues no se siente el cansancio ni el tedio. En autobús, en ese tiempo, te hacías 36 horas. Bueno, llegabas "sin rayita". No era mi primera vez en Cd. Juárez. Cuando tenía 16 años fuí, a invitación de otro amigo, Rodrigo, que resulto ser hermano de Ernesto (eso lo sabría tiempo después), a Paso del Norte (así se llamaba antes). Pero en aquella ocasión ni soñar en carro. Fuí a México, DF en autobús desde mi natal Poza Rica (y aunque pierda, ¡Poza Rica! ese era el grito de guerra cuando ibamos al parque de beisbol a ver jugar a los gloriosos y siempre perdedores "Petroleros"). Era Semana Santa. Ni un boleto para Cd. Juárez hasta Todos Santos. ¿Qué hacer? ¿Regresar derrotado a mi casa? Eso nunca. En eso me acorde del tren, ese que veía solo en las películas en blanco y negro. Por cierto, y aquí abro un espacio para elogiar un película mexicana llamada "Viento Negro" donde el ferrocarril juega un papel protagónico. Gigante. Bueno, pues me fuí a Buenavista, ahí donde estaba la estación central del ferrocarril mexicano. ¡Que viaje aquel! Tuve la fortuna de ganar (es literal, pues hubo que correr como cuando te persigue un perro) el último asiento del último bagón. Ahí estaba yo, sonriente y listo para viajar al Norte, a la tierra de Pancho Villa, a la ciudad de Juan Gabriel (también es macho). ¡Inocente, pobre amigo! Fueron 48 horas de viaje. Anocheció, amaneció, paso todo el día, volvió a anochecer, volvió a amanecer, paso otro día, volvió a anochecer, y volvió a amanecer, y por fín llegamos a nuestro destino final. Bueno, tal parece que era el destino final del maquinista, el garrotero y yo. Porque en el camino el tren se vació y se volvió a llenar hasta cuatro veces. Cuando iba saliendo de una estación y empezaba a agarrar velocidad (es un decir), y el cabús apenas estaba saliendo de la estación anterior, la maquina ya estaba entrando a la siguiente estación. Pero vaya que era un recorrido fantástico: Queretaro, Guanajuato, Celaya, San Luís Potosí, Aguascalientes, Sombrerete, Jerez, Zacatecas, Gómez Palacio-Torreón, Parral, Chihuahua, Delicias, Cd. Juárez. Y en cada estación podías comer cosas diferentes que los vendedores ambulantes te ofrecían. No importaba la hora ni el frío, ahí siempre podías comer algo con un poco de dinero. Un tren viejo, sí, como los de la revolución, baños repugnantes, sí, como los de cualquier gasolinera o escuela pública, con calor agobiante y con entrada de aire frio y de agua de lluvia, sí, incomodos los asientos, sí, gente de muy baja condición económica (el pasaje era la mitad que el costo del boleto de autobús), sí, apestaba a rayos, sí, llevaban gallinas y guajolotes, sí, iba gente parada, sí, se subía una viejita como de cien años y se paraba junto a tí, sí, y le dabas el asiento, sí, y muchas incomodidades más, sí, pero ¡que aventura!. En comparación, que aburrido resulta un viaje en el mejor tren europeo o estadounidense. Cuanta nostalgia por el tren de pasajeros. Ya no hay en México. Sólo el Chepe. Qué pérdida tan grande. Ojalá pronto regrese. Si te gustan los trenes, si quieres saber por que ya no tenemos trenes nacionales, no dejes de leer "El tren pasa primero" de Elena Poniatowska. Al fín llegué a Cd. Juárez. Continuará...

jueves, 26 de noviembre de 2009

Diarios de un VW sedán blanco

"No es este el relato de hazañas impresionantes, no es tampoco un "relato un poco cínico"; no quiere serlo, por lo menos. Es un trozo de dos vidas tomadas en un momento en que cursaron juntas un determinado trecho, con identidad de aspiraciones y conjunción de ensueños."
Así comienza sus "Notas de Viaje por América Latina", conocido también como Diarios de Motocicleta, Ernesto Guevara antes de ser "el ché".
Y así quiero comenzar este relato.
Octubre siempre ha sido para mí el mejor mes del año, y no sólo por mi cumple del día 11, sino por las bendiciones recibidas en ese mes de parte del Creador. Bueno, pues en Octubre del año 1990 recibí mi primer automóvil: una flamante bochito blanco del año. Pude comprarlo de contado con el fruto de mi trabajo, pero no pude sacarlo de la agencia. Simple: no sabía manejar. Así que tuve que llamar a mi amigo para que lo llevará a mi casa. Al día siguiente comenzaron las lecciones de manejo. Sólo tres días. Al cuarto día ya viajaba en carretera de Poza Rica a Túxpam a 120 km. x hora, y al octavo día ya había chocado. Sí, el flamante carro nuevo sufrió su primer golpe. Por fortuna, fue dentro de la ciudad y no en carretera, por lo cual no fue fatal y puedo escribir estas letras 19 años después.
Continuará...

martes, 24 de noviembre de 2009

Diarios de chancleta.

Después de muchas invitaciones de un amigo, por fín me decidí a visitarle. El se encuentra trabajando en una comunidad de habla totonaca en la sierra norte de Puebla, llamada Ozomatlán-Tepetzintla. No lo pensé mucho (mas bien, no lo pensé) y me decidí. Dí mi palabra. Le dije: "Pablo, mañana te veo por allá" (más bien, debí haber dicho: "en el más allá"). Resulta que ahora que tengo más de 40 me ha dado por hacer aquellas cosas que hice con mucha pasión antes de cumplir los 20. Estoicamente me levanté a las 6 am y las 7 am estaba listo (es un decir) para mi primer viaje misionero del siglo XXI. Pero como en todo viaje memorable se necesita un compañero (si no, pregúntenle a Pablo, el de la Biblia), ahí estaba el buen Walter más puesto que un calcetín. Bueno, mochila al hombro salimos con rumbo a la montaña. Llegamos a Xico en la comoda Toyota, después tomamos un microbús a San Agustín. Hasta aquí todo eran sonrisas, pues en Xico habíamos almorzado una ricas gorditas mixtas (rojas y verdes) en los portales. "Barriga llena, corazón contento". Al bajar del micro preguntamos al chofer como llegar a Tepetzintla. Nos miró como a dos marcianos perdidos, y señaló hacia la punta de la montaña. "Pasu mecha, Walter", dije, "¿hasta allá tenemos que llegar?". Demasiado tarde para arrepentirse, el micro con chofer y chalán huyeron velozmente, y me sentí como la tripulación de Cortés cuando éste loco quemó las naves (bastaba con que les ponchara las llantas) en que llegaron desde La Habana vieja, que en ese tiempo no era tan vieja.

Pues ni hablar, a caminar. Primero seguimos el camino de terracería, como si fueramos carros. Al poco tiempo Walter, mucho más experto que yo en eso de andar a pie por veredas y caminos (en eso y en mil cosas más), opinó que era mejor seguir el Camino Real, esas veredas que la gente de comunidades sabe siempre trazar como el camino más corto (es un decir) a su destino. A media montaña (la verdad, se trataba de un cerro grandote, pero montaña suena mejor) sentí como mi corazón se me quería salir. "Es la emoción de llegar a lugares nuevos", decía Walter. Yo decía "amenaza de infarto". No es que esté viejo, pero eso de correr todas las días en la toyota no es precisamente saludable. Así que, tomamos un descanso. Ya cuando el corazón se acomodó en su lugar nuevamente, reanudamos la marcha. Por el camino encontramos un octogenario que muy quitado de la pena, como quien va a la tienda de la esquina por el refresco, venía bajando con rumbo a San Agustín. Claro, de bajada quién no. Saludamos y conversamos un momento. Que noble es la gente de la sierra. Bueno, pues con el pensamiento "Si el puede, yo por que no", reanudamos nuestra marcha a las alturas del Himalaya totonaca. Por fín, después de 2 horas, 15 minutos, llegamos a nuestro destino. Creo que rompimos un record, porque todos en la comunidad se sorprendieron del tiempo. (El promedio es sólo una hora y cuarto). Walter estaba muy emocionado, y ya estaba reclamando esas tierras para la República de Argentina y diciendo que le llamaría "Walterlandia". Pero después de un rato de reposo, recobró la razón. La verdad es que un lugar hermoso. Valió la pena el esfuerzo, la sudada y la desmañanada. Una vista impresionante por ambos lados del cerro. Al frente, mas bien hasta allá abajo San Agustín, la nueva autopista que un día muy lejano llegará al puerto de Túxpam, Veracruz desde la capital del imperio mexica (Hace 16 años que la están construyendo, y no me extrañaría que pasaran otros 16 años antes de que la terminen). Un paisaje de postal, semejante a los mejores lugares del mundo. Por el otro lado del cerro, el cañón de San Marcos (que religiosos). La verdad, sí "está cañón". "Que bueno que no subimos por este lado, Walter", dije. "Sólo a rapel", dijo él. "Pero la bajada sería más fácil", dije yo. "Sí, en caída libre", dice Walter. Ante nosotros se abría un verdadero precipicio, al fondo un río, y a los lejos dos cerros igual de grandes. Alcanzas a ver poblaciones tan lejanas como Tlacuilotepec, cerca de Pahuatlán. Fantástico.

Bueno, pero lo más importante del viaje fue visitar a nuestro amigo Pablo y sus tres colaboradores. Están trabajando en la traducción del libro de los libros, el libro de Dios, la Biblia, a la lengua totonaca de esa región, que es ligeramente diferente al totonaco hablado en otras regiones. Ha sido un proceso lento, pero ahora se están viendo los frutos. Ya van a la mitad del Evangelio de San Lucas y cada vez avanzan más rápido. ¡Animo!

Pablo es americano (mejor dicho, gringo, pues americanos también somos nosotros) y tienes varios años viviendo junto con su esposa e hijas entre los totonacas. Aprendió a hablar como ellos, y ahora él les enseña a escribir y leer su propia lengua. Vaya, que paradojas de la vida.

Regresamos animados, y la bajada no fué tan fácil como pensábamos. Temblaban las corvas. Pero llegamos.

Bueno, este es un pequeño relato que podría titularse: Diarios de Motocicleta. Pero hay dos cosas que no me cuadran para ponerle ese título. Primero, no hubo motocicleta, y que bueno, porque con motocicleta no hubiéramos llegado vivos. Segundo, el argentino (o sea, el "che") es Walter por nacimiento, entonces a mí me toca el papel del amigo panzón de Ernesto, Alberto Granados. Ni lo sueñen. Por eso, el mejor título que encontré fue Diarios de Chancleta.