Murió Germán Dehesa y no he escrito nada sobre él.
A pesar de que yo era asiduo lector de su columna, la original Gaceta del Angel.
Periodista, dramaturgo, escritor, hombre del mundo y de una sola ciudad (DF), culto y popular, letrado y dicharachero, grosero y gentil al mismo tiempo, ocurrente como pocos, quien se reía de todo, de todos, pero sobretodo de sí mismo.
Haciéndome reír me hacía reflexionar. Partiendo de su mundo me mostraba el mundo. De lo cotidiano y ordinario me llevaba a reflexionar sobre las cosas profundas del espíritu humano. Escribía y vivía. Vivía y escribía. Nunca se refugio en los libros para huir de la vida diaria. Nunca se quedo en la vida ordinaria para no entrar en el mundo de las letras. Combinó de manera perfecta el arte de escribir y el arte de vivir.
Cuenta que en una ocasión, siendo estudiante de preparatoria, en la clase de Literatura, le contó a su maestro una excusa super mafufa para explicar porque no había escrito el ensayo de tarea. El maestro, un hombre de edad y muy conocedor de su materia, lo escucho seriamente y al terminar éste se soltó con una sonora carcajada y le dijo: "Joven Germán, si Usted escribiera como inventa historias y excusas, si su imaginación tomará el lápiz, sería un muy buen escritor". No se equivocó.
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